EL CORAZÓN DE LA GUERRA

Posted: febrero 16th, 2021 | Author: | Filed under: General | Comentarios desactivados en EL CORAZÓN DE LA GUERRA

Pensar elementos como la amistad y la enemistad, la comuna y la guerra, conlleva reflexionar en torno a aquellas emociones que gobiernan nuestros afectos. El empleo instrumental de estas emociones es un arma de guerra. Devenir máquinas de guerra lo implica. En este artículo, extraído de la revista «La política no es un plátano #2», se dan algunos de los pasos necesarios para comenzar esta reflexión y, a través de ella, desplegar todo el potencial de guerra de un cuerpo.

I.

Más que a nuestros enemigos, nos matamos entre nosotros. Nuestras muertes conjuntas no son físicas, sino políticas en el sentido de que rompen los medios de existencia que nos sostienen. Los lados de confianza forjados en el crisol de la revuelta son incendiados muy fácilmente cuando olvidamos permanecer fieles a lo que es incondicional en nuestras relaciones. Las donaciones de sufrimiento deberían ser regalos para nuetros enemigos, no para nuestros amigos. Aquellas personas que cuidamos sin restricción alguna, aquellas con quienes compartimos nuestras necesidades y deseos sin vergüenza, aquellas co quienes corremos de la mano sin mirar atrás – no son la meta de nuestro odio al capitalismo. Más bien las fuerzas elementales en una guerra que tiene el potencial de acabar con todas.

II.

Si se quiere tener un amigo
hay que querer hacer también la
guerra por él; y para hacer la
guerra hay que poder ser enemigo.
– Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra.

La guerra, según Clausewitz (1) no es simplemente un suplemento para la existencia humana. Es más bien una forma desarrollada del coito en cualquier sociedad asediada por la política. Usar la guerra como medio de gestión de conflictos entre naciones es la prerrogativa del Estado; usar la guerra como medio para negar una sociedad basada en clases es la estrategia de la insurrección. Cuando estos dos tipos distintos de guerra se confunden en la sociedad espectacular entramos en el estadio biopolítico del conflicto armado, la guerra social. Aquí, las condiciones de nuestra existencia son los puntos primordiales el combate. A través de la revuelta, nos redescubrimos partisanos, como armas, como metas; devenimos la causa-objeto de nuestro deseo.

La guerra no podrá acabar hasta que acabe la específica forma histórica de la gestión total conocida como política. Huir dela guerra requiere una sustracción de la política, un acto indescifrable en el discurso que no puede ser regulado por ley. Revirtiendo la máxima de Napoleón de que «un acontecimiento no existe para gobernar la política, es política la que gobierna el acontecimiento,»(2) encontramos una pista sobre cómo conseguirlo. Básicamente, un acontecimiento que «gobierna» la política, la destruye. Está en nosotros hacer estos acontecimientos posibles.

III.

Si una batalla sangrienta es
un espectáculo horrible, esa debería
ser simplemente la razón para poder
apreciar más la guerra, y no permitir
que nuestras espada resulten
desafiladas dentro de poco a través
del huumanitarismo, para que alguien
aparezca con una espada afilada
y nos corte los brazos,
serparándolos de nuestro cuerpo.
– Clausewitz

La lógica de la guerra se divide en dos: táctica y estrategia. La táctica es la teoría de la organización de fuerzas con el fin de ganar un combate; la estrategia es la teoría de la organización de combates con el fin de ganar la guerra. «Ganar» aquí no significa otra cosa que destruir al enemigo. «En combate, toda acción es llevada a acabo para destruir al enemigo, o al menos sus poderes de lucha, Por tanto, la destrucción del poder de combate el enemigo es siempre el medio para conseguir el objeto del combate.»(3) El objeto del combate no es simplemente un pedazo de territorio una concesión política o un recurso valioso; mientras que puede ser cualquiera de estas cosas, también es el propio enemigo en su máximo deterioro. La estrategia desarrollada y las tácticas empleadas no significan nada fuera de la lógica del combate que destruye al enemigo. Dice Clausewitz, «el combate es el verdadero acto beligerante, todo lo demás solo es auxiliar».(4) Así, todo «movimiento» social o política clamando por sus estrategias o tácticas que sin embargo niegan su posición como combatiente contra un oponente en una guerra contra un enemigo se ha perdido ya. (5) Clausewitz: «El combate significa luchar, y en esta destrucción o conquista del enemigo es donde se encuentra el objeto; y el enemigo, en el combate particular, es la fuerza armada que se nos opone.

Pero, ¿quién es el enemigo en una guerra social?

IV.

El enemigo no es el competidor o el opositor general. Tampoco es enemigo un adversario privado al cual se odia. El enemigo sólo existe cuando hay un conjunto de personas que, al menos potencialmente, puede combatir a un conjunto idéntico que se le opone. El enemigo es solamente el enemigo público.

– Schmitt, El concepto de lo político

Los enemigos son constelaciones de fuerzas hostiles que manejan nuestro potencial, estructuran nuestras necesidades, codifican nuestro territorio y determinan nuestro tiempo. El capital y la forma-estado son estructuras de enemistad, pero todavía no son enemigos en sí. El policía, el burócrata, el político, el activista, el jefe, el líder, el economista, el propietario, el fascista, el racista, el sexista – ellos son todos los puntos de conflicto entre los revolucionarios y la contrarrevolución, puntos que revelan los enemigos públicos de una guerra social: policía, burocracia, política, activismo, trabajo, jerarquía, economía, fascismo, racismo, patriarcado.

«Una colectividad combatiente» contra otra, pero ¿cuál es la naturaleza de esta lucha? Aunque la lucha es la esencia de toda guerra, la mayoría del tiempo no se pasa luchando sino decidiendo el momento de atacar. «La suspensión y la inactividad», dice Clausewitz, «son sin duda la condición normal del ejercito en medio de la guerra; la acción constituye la excepción».20 El choque de fuerzas es la amenaza encubierta que garantiza la actividad de aquellos que gobiernan y la pasividad de aquellos que obedecen. Provocar esta amenaza es garantizarse el fin de uno mismo como tal, tanto si el enemigo te destruye como si sales victorioso y te destruyes a ti mismo en el proceso. No sólo debemos estar preparados para ello, sino también desearlo.

En la guerra de clases, la extracción de valor-surplus de aquellos que trabajan por parte de aquellos que poseen solamente es emparejada por la revuelta del proletariado cuando los últimos arriesgan su verdadero ser en un combate. Paris, 1871; Bavaria, 1919; España, 1936. En la guerra social, la insurrección contra la pacificación de la vida es continua y dispersa, raramente emerge al nivel de una colectividad combatiente cuya prioridad es su existencia en la lucha. Argentina, 2001; Oaxaca, 2006; Grecia, 2008 (6). Pero si «a menudo, la guerra no es más que una neutralidad»(7), entonces la cuestión que surge es: ¿qué ocurre en el periodo de entre-luchas?

Una estrategia que el enemigo ha dominado es la de la capacidad para redirigir nuestra hostilidad contra él a una fuerza corrosiva contra todos. Esto es lo que Clausewitz llama estratagema, la habilidad del enemigo para organizar nuestra aparentemente autodeterminada trayectoria en una vía que nos hace agentes de nuestro propio engaño(8). La más vil de las estratagemas que nuestro enemigo ha confeccinado hasta la fecha es la forma moderna de la relación social que llamamos amor.

V.

El amor, como toda relación social que hayamos resumido en un concepto, cuenta con una historia real. La historia del amor no señala otra cosa que el desarrollo de armas, tácticas y posiciones en la guerra entre clases. El amor es el embrión de la conciencia de clase y la falsa conciencia, porque es de él de donde emergen ambas. Consciente de su camino nunca imaginado, y todavía engañado por creer en la permanencia del estado presente, el sujeto del amor se enreda en una batalla ideológica consigo mismo. El corazón, como el arma primaria y meta en esta batalla, no solo implica la posibilidad de una unión entre dos seres, sino también el medio para su absoluta separación.

El corazón es un arma, ¿pero de qué tipo?

VI.

Un arma es un instrumento que explota la vulnerabilidad en un sujeto dado, causándole daño de alguna forma. Entendemos como «instrumento» todo aquello que puede ser usado, manipulado, dirigido o controlado por un sujeto. Cuando hablamos de «sujeto» hablamos de cualquier ser que tiene la capacidad para reflexionar, sufrir y disfrutar. El «daño» sería el acto de hacer inoperativas las capacidades básicas del sujeto en cuestión incluyendo la capacidad para juzgar, moverse, respirar, percibir, memorizar y reflexionar. Concebimos la «vulnerabilidad» como la exposición de la debilidad -física o moral- de un sujeto que si es atacado podría debilitarse. Las armas cambian dependiendo de los puntos débiles que pueden atacar, del daño que pueden causar sus ataques, de la facilidad con que se pueden usar. Una piedra golpea, un cuchillo se clava, una bala perfora. Todas tienen su propio dominio.(9) Un enemigo totalmente debilitado no es suficiente; nunca más debe tener deseos de luchar.

VII.

La guerra es lo que sigue a la enemistad.
La guerra es la negación existencial del enemigo.
– Schmitt

Debemos aniquilar la capacidad para luchar del enemigo. Pero la naturaleza de la lucha de nuestro particular enemigo es compleja. No es como con otros enemigos: no se mueve en batallones, tampoco ataca focos. No asalta desde el cielo o sorprende por el agua. Más bien, sintoniza nuestra existencia diaria con su modo de ser. Vemos como ve, pensamos como piensa. Trabaja a través de nosotros, no contra nosotros.

Este enemigo es la estructura que une al capital objetivo con la identidad subjetiva: la forma por la que nuestras vidas tienen contenido. Es el «Yo» que deseamos, el «Yo» que ponemos en práctica y reforzamos tanto en nosotros como en otras a través de nuestras pseudo-actividades. Nos reconocemos dentro de este ritmo impuesto como si la actividad de la mercancía coincidiera milagrosamente a cada momento con nuestras propias actividades libremente determinadas. A través de esos medios, nos convertimos en rehenes, clavando nuestras identidades formales en lo alto de nuestras caóticas subjetividades, rezando porque el tornillo no se rompa. Todo movimiento en el combate por el trabajo, el placer, la educación o la política es preventivamente negado como relevancia hostil si no avanza hacia su propia aniquilación.

El enemigo no sólo ha resultado victorioso por su carácter total, sino porque también externaliza sus medios de combate, sus armas, haciéndolos penetrar en sus víctimas, en nosotros. En la guerra social, el corazón es esencial. Para negar a nuestro enemigo debemos aprender de nuevo a usar la más dañina de las armas, el arma del amor.

VIII.

Pues las armas no son otra cosa qe la esencia de los luchadores mismos, la cual surge solamente para ellos dos mutuamente.

– Hegel, Fenomenología del espíritu

El corazón es el modelo de toda arma. Mientras que la mayoría de las armas sólo explotan una vulnerabilidad dada, el corazón crea debilidades en zonas donde antes no existieron. El corazón abre camino a las debilidades, vulnerabiliza; es el medio de la vulnerabilidad. A través del corazón, hasta la más impenetrable de las armaduras es perforada, hasta el mayor de los obstáculos puede ser roto, hasta la fortaleza más inviolable puede ser derrotada. El corazón, normalmente enterrado en la sentimentalidad burguesa, puede devenir el arma más peligrosa si se usa bien. Expulsando el corazón de su pedestal intocable, podemos comenzar a delinear una estrategia de ataque que verdaderamente pueda desarmar a cualquiera.

IX.

El amor, el más común de los usos del arma del corazón, ha sido tristemente desplegado más entre aquellos que tienes cuidado que entre los que no. El amor, tal y como lo conocemos trabaja destruyendo el lazo que repentina y mágicamente nos une, convirtiéndolo en una forma reconocible, sellada con una representación artificial. Si la vida diaria no es otra cosa que la apertura de nuestra no-libertad concreta, entonces la experiencia de anexo visceral hacia otra presencia es ella misma una ruptura de la separación. La negación de la negación de la vida trabaja mediante conexión. Lo que captura el amor es la conexión en su forma primitiva, su estilo más peligroso, eros. Eros sustrae dos cuerpos individuales de una misma situación, los disuelve en un sujeto colectivo. El amor redefine su potencialidad como pareja, y les otorga un lugar en la situación de la que había huido. El sujeto que fue creado, una forma-de-vida entre dos cuerpos, desaparece ahora, reintroduciéndose bajo los signos del capital.

X.

Desde que el amor toma forma al nivel del tiempo homogéneo, se dirige inevitablemente hacia su caída -como todos los seres bajo el capital. Los cuerpos sujetos al corazón por amor se hacen hostiles contra los demás, porque el amor no desea un cuerpo, sino un anfitrión. El arma del amor produce eros en el sujeto, objetivándolo en el amor de pareja. La pareja es la forma alienada del eros, hostil a toda forma-de-vida que produce. Una vez que empieza este proceso no va más allá del eros original que está completamente vacío y se debilita en tanto que no puede sostener más el lazo sexual. Dos caminos se abren aquí: la rotura de corazón o su fortalecimiento. Si hay fortalecimiento, la pareja se solidifica como mercancía, incapaz de romper este camino predeterminado. Así, es adecuado decir que las parejas son producidas para consumir la vida en las actividades banales. La rotura de corazón, por otra parte, representa el asesinato del eros a través de la decisión de un compañero. Cuando esto ocurre, el universo simbólico del sujeto con el corazón partido se desestabiliza. Las estructuras de sentido que garantizan consistencia, control y objetivos se desintegran. El poder de actuar deviene poder de no actuar.

La rotura del corazón deviene enfermedad del corazón, y la capacidad para pensar se consume por un horizonte de dolor siempre presente. Lo que una vez fue fuerte, es ahora débil; lo que un día estaba fijo, es ahora indeterminado. Todo lo que es sólido se hace mierda; todo lo que era sagrado, es ahora profano.

Visto el poder total de tal arma, es una paradoja saber por qué nunca la usamos contra nuestros enemigos. Afilada el arma del corazón en cada uno de nosotros durante mucho tiempo, es una cuestión de tiempo que empecemos a usarlo sobre aquellos que merecen realmente su fuerza. Devolviendo el corazón a su lugar en el arsenal de guerra, podemos pensar táctica y estratégicamente a través de su función.

XI.

Ama a tus enemigos.
– Mateo 5:44

Los medios con los que cuenta el arma del corazón son cuerpos en seducción; sus fines son almas en sujeción. Si la meta de la guerra es generalmente la destrucción de las fuerzas del enemigo, la meta de esta guerra, pues, es la destrucción de la clase dominante, internamente. No sólo por sí-mismo, sino en sí-mismo.

Erróneamente, queremos probar esto, con mucha frecuencia, en otros. Apresuradamente y sin preparación alguna, nos apresuramos en una desubjetivación mutua sin dirección alguna hacia la comuna25. Mediante la desconfianza, las promesas rotas, los proyectos estancados y las traiciones, vaciamos el contenido de nuestras vidas sin alterar su forma. Estas relaciones de enemistad, proyectadas de un corazón a otro, nos hacen cambiar la piel, pero fortalecen nuestra voluntad. La desidentificación sólo puede crecer. Sin una estrategia común, ésta nos lleva hacia atrás, hacia el masoquista callejón sin salida de la datación.

XII.

Hoy día, el arte está en atacar todo lo que uno encuentra con el fin de golpear magistralmente al enemigo mientras se organiza. Cuando afirmo que hay que atacar todo lo que uno encuentra, quiero decir que haty que atacar todo aquello que esté em movimiento, no lo que se encuentre en una posición que lo deja en un estado tremendamente superior

-Napoleón.

¿Cual sería el uso apropiado del arma del corazón? Las armas sólo tienen sentido en el campo de batalla. Antes de utilizarla, habría que preguntarse siempre: ¿cuál es la naturaleza del combate particular por el que está siendo utilizada el arma? ¿Cómo es el territorio? ¿Quién controla el movimiento? ¿Qué medidas han de tomarse? Ocupar un edificio no es lo mismo que luchar contra los fascista, aunque ambas cosas podían ser momentos de lucha en el mismo plan de guerra. Incluso pueden exigir diferentes metas, diferentes niveles de intensidad y diferentes frecuencias de ataque.

Desenmarañar la universidad, fomentar la huelga, liberar la propiedad de uso -una necesita primero identificar a los individuos o grupos que impiden que estas cosas ocurran materialmente. Los capitalistas, los jefes, los maderos, los políticos, activistas artistas, periodistas -todos pueden caer seducidos por su propia ruina.

La entrada al poder subjetivo del enemigo está en el corazón, y por ello se necesita una estrategia colectiva de seducción para poder acceder a ese medio de vulnerabilidad y hacerlos explotar. Todas sabemos cómo hacerlo, pues nunca paramos de seducirnos entre nosotras. Sin embargo, la cohesión deliberada de seducciones contra aquellos que explotan, controlan, cifran, oprimen y determinan está todavía por testar 26. Un policía está bien, pero la meta debería ser todo un precinto. Un propietario es un comienzo, pero un bloque entero de propietarios es poder. Un liberal está guay, pero una organización sin animo de lucro completa causaría daño de verdad. Sólo la experimentación salvaje en las prácticas de deseo puede enseñarnos la verdad de una táctica así.

Ahora, la singularidad del deseo es tal, que la improvisación es la característica principal de cualquier proceso de pasión. Dejando a tu enemigo obsesionado contigo, neutralizando así su rol como oponente. Aquí, el desarrollo técnico del arma del corazón entra en roce, el contacto visual y la metáfora son virtudes del soldado de la guerra del corazón. Todo ello contribuye a una escala erótica que, paso a paso, conducirá al momento correcto de la revuelta.

Golpear es imponer inoperatividad sobre el sujeto en cuestión, independientemente de si el sujeto es un modo de temporalidad, una ubicación material, una lógica mercantilizada, un agenciamiento de poder o un cuerpo individuado. Es por nuestra experiencia que sabemos qué puede hacer el corazón. Desplazando el significado vacuo todavía libremente determinado que hilvana toda una vida individual sin valor, el amor se ofrece a sí mismo como un terreno para una nueva y emparejada estabilidad. Cuando esto sucede, todo lo que se necesita para debilitar al enemigo es un acto que expulse ese apoyo alienado.

La guerra por el corazón es la retirada de la estabilidad emocional de múltiples sujetos a la vez. Esta estrategia busca hacer proliferar la vulnerabilidad «atacando el flanco», es decir, confrontando directamente la parte más débil del enemigo. Operando en el terreno real de lo subjetivo, nos liberamos de todas las limitaciones de recursos que las condiciones objetivas suponen. Esta guerra subjetiva, esta huelga humana, desata el caos enterrado en nuestros enemigos, y permite hacer el trabajo de la destrucción interna de la clase dominante con el que, hasta ahora, sólo hemos soñado.

El ataque al corazón, que provoca la desintegración del universo simbólico del enemigo en la guerra por el corazón, es lo que inicia la rotura del mismo. La rotura del corazón arranca con la decisión de abandonar el amor incondicional. Suspendiendo la ley de la pareja en este acto, el poder que circuló indistintamente entre los dos se revela como la violencia de uno. Esto sólo debería suceder cuando el enemigo está completamente paralizado por la relación amorosa, cuando ellos están subsumidos bajo el amor de la misma forma que sus vidas están sometidas por el capital. Los medios para introducir la rotura del corazón, hoy día, son variados, pero los métodos probaos son mentiras, trampas y deserción para otros. Esta es la parte más peligrosa de la acción, pues la respuesta del enemigo es impredecible a partir de ella. La laceración será una agonía sangrienta, provocando un paroxismo en todo el ser del enemigo. Una hemorragia de significado da lugar al colapso de control, y el enemigo machacado puede soltar patadas salvajemente a todo lo que esté a su alrededor, sin dirección ni control. Para protegerse una misma, el dolor del fin anunciado de la relación debería acompañarse por sentimientos compuestos de culpa y duda interna por parte del enemigo. Si el proceso de auto-desprecio no ha comenzado, la batalla completa, entonces, está perdida. Para asegurarlo, una tercera parte es lo que se recomienda, la parte por la que abandonamos, la mejor. EL enemigo observa esta tercera parte como la representación de todo lo que falta. Es su negación, objetivada.

A partir de entonces, el dolor de corazón está garantizado. Este dolor es la forma reaccionaria que conecta totalmente a alguien con sus esferas separadas. La presencia de alguien se pone en sintonía con todo lo que le rodea, armonizado por el dolor de una forma colorida y dominada por el resentimiento. Esta cohesión falsa lo explica todo. La abolición revolucionaria de separación, por otra parte, se llena de color con júbilo de libertad; esto ocurre a través de la destrucción del capital y del estado por la actividad articulada de todo aquel que lucha en común y se cuida con consistencia.

La enfermedad del corazón, el sentimiento diezmado de amor sustraído, es lo que el arma del corazón nos ofrece. como una situación de total exposición y clara vulnerabilidad, esta enfermedad abre un intervalo de potencialidad donde el mundo del enemigo está literalmente listo para ser abordado.

Llegados a este punto exacto, cuando el enemigo no puede pensar más estratégicamente, un golpe coordinado es suficiente. Los guerreros del corazón pueden abandonar ahora la imagen y dejar que la magia del sabotaje colectivo haga su trabajo. Bloqueo, ocupación, revuelta -la algarabía sostenible vendrá a través de negaciones cuidadosas. La velocidad y el coraje son más importantes que los números y medios.

«Si es amor verdadero lo que importa, ¿no debería el rompedor de corazones sentirse también roto?»

Sí, es una posibilidad. De ahí la necesidad de salir del campo de batalla y volver a la comuna, donde la fuerza subjetiva puede reconstruirse junto a otras. La estrategia de la guerra por el corazón es dañina, incluso suicida. Revela que «el antagonismo mas intenso y extremo» es la distinción real entre amigos y enemigos27. La exposición es un acto de violencia que busca desactivar las operaciones que legitiman la violencia, es decir, la ley y el Estado. Estos son los puntos esenciales de la guerra del corazón.

XIII.

Si he dicho, ciertamente, yo amo el mundo, puedo con
igual exactitud añadir ahora: Yo no am al mundo,
porque yo lo aniquilo como me aniquilo; Yo lo liquido.
-Stirner, El único y su propiedad

¿Es la guerra del corazón una táctica en la estrategia de la insurrección, o es la insurrección una estrategia en el plan de esta guerra? Nos aventuramos a decir que el insurreccionalismo está vacío de la totalidad ofrecida por la guerra del corazón. Cuando las prácticas, los procesos y las composiciones materiales y afectivas que tejen la insurrección han sido convertidos en ideas deseables, el insurreccionalismo se revela a sí mismo como una lucha práctica contra el estado, sino como una ideología interna en él. Si las prácticas insurreccionales forman parte del engranaje que lleva hacia ideas abstractas de la insurrección, y no están basadas en prácticas vivas de subversión y lazos materiales de poder, nunca llegarán el compromiso, la confianza y la fuerza que se requieren para desatar el verdadero estado de excepción. Si el insurreccionalista sobrevive a la insurrección de forma separada, «nada tendrá lugar más que el lugar».

La guerra por el corazón es total. Es el compromiso a la destrucción de una misma junto a otras. Fuera conexiones farsas o falsos proyectos. Fuera agresión pasiva, solo pasión agresiva. No hay paso atrás, sólo adelante, porque el amor real es un compromiso con la muerte, no sólo en la teoría, también en la práctica. Esta muerte, sin embargo, es política, la completa destrucción de otros por medio de mi poder, mi consumo, mi dominación. Esto es amor infinito, amor como arma contra el amado. No deberíamos continuar limitando nuestro terror emocional hacia aquellas que nos sostienen; nuestras relaciones destructivas, amorosas y mutuamente compartidas deben liberarse de sus objetos normales, es decir, de cada una; en la guerra por el corazón al amor se le permite deambular incluso entre nuestros enemigos. La cardiopatía se vuelve social. Cuantos más Dispositivos de Explosivos improvisados haya, mejor será la situación escondida concienzudamente hasta el punto de que ningún insurgente podría imaginarlo: dentro de su propia subjetividad. La estructura asimétrica de los conflictos modernos permite la existencia de su dispersión espontánea, su ignición continua, su mecha presente.

XIV.

Contamos con hacer de lo que hay de incondicional en los lazos de parentesco la armadura de una solidaridad política tan impenetrable a la injerencia estatal como un campamento de gitanos.

-Comité Invisible, La insurrección que viene.

¿Existen otras formas de amor? ¿Existe el amor que no nos posee y con el que disfrutamos libremente? ¿Existe el amor que no anule el azar? La estructura del amor como un acontecimiento de eros puede hacernos entrever qué es lo que puede construir esa solidaridad política que el estado no puede penetrar. Eso es amor puramente incondicional, amor libre de todo fin salvo el de su propio alimento. La incondicionalidad es la base de la política de los medios puros porque n está atada a ninguna condición de materialización. Libre de toda demanda, todo fin, toda condición, este amor es substractivo -pues ninguna identidad puede estar aislada dentro de él-, y total- porque toda esfera de existencia es tocada por su poder.

El amor comienza como contingencia de un encuentro, un acontecimiento en el cual se pone en juego el ser. Surge una declaración, un «te quiero». La fidelidad al acontecimiento de este encuentro entre dos cuerpos irreconciliables es el despliegue práctico de la relación misma. El compromiso a este lazo indecible e incognoscible comporta la subjetivación del Dos, irreducible múltiple todavía separado. Este Dos revela una estructura diferente del ser que no ha sido todavía interna a la situación, sino sustraída de ella. Los Dos se usan mutuamente disfrutando su consumo mutuo. Stirner: Tú no eres más para mí que un alimento; de igual modo, tú también me consumes y me haces servir para tu uso. No hay entre nosotros más que una relación: la de la utilidad, el provecho y el interés. No nos debemos nada uno a otro, porque lo que aparentemente pueda deberte, lo debo, cuanto más, a mí». No se debe nada, por lo que nada está condicionado. Liberado de la obligación de producir cosas fuera de su alcance, el amor surge con solidaridad, y la solidaridad se mezcla con amor.

XV.

El amor, en su práctica como una relación de incondicionalidad, es el modelo de la acción revolucionaria. Como tal, destruirá a nuestros enemigos. Si no lo hace, tendremos que destruir el amor.


1. Carl Von Clausevitz, 1780-1831 fue un napoleónico estratega militar de Prusia. Su tratado sobre guerra fue trascendental para el desarrollo de una teoría de la guerra.

2. Napoleón. Cómo hacer la guerra I.10.

3. Clausewitz Libro I. Capítulo II

4. Clausewitz Libro IV. Capítulo XI

5. A menos que la negación de tal posición sea una de las tácticas usadas en el cómputo total de la estrategia.

6. Clausewitz Libro IV. Capítulo III

7. Clausewitz Libro III. Capítulo XVI

8. Ambas guerras son producto de la sociedad de clases y están dirigidas a su destrucción. La guerra social sin embargo ataca a la sociedad no a través de la negación del trabajo, sino en tanto negación de la esfera de la mercancía por parte de todos aquellos que no pueden. Los acontecimientos de Francia en 1968 e Italia en 1977 son marcadores de la transición de los Estados entre estos dos tipos de guerra, esos momentos de ruptura donde el trabajo y la mercancía fueron atacados tanto por proletarios como por el resto de personas.

9. Clausewitz. Libro III, Capítulo XVI

10. «Quien emplee la estratagema deja que la persona a la que desea engañar cometa por sí misma los errores del entendimiento que, al final, concluyendo en un efecto, modifican de pronto la naturaleza de las cosas ante sus ojos». Clausewitz Libro III, Capítulo X.

11. Clausewitz. Libro III, Capítulo III

12. Sin embargo, esto se puede intentar conscientemente en otros de forma no destructiva. Compartir nuestros objetos de deseo y nuestras prácticas de seducción mientras se mantiene la consistencia de un propósito refortalecerá nuestra toma de armas cuando llegue la verdadera batalla.

13. «El antagonismo político es el más intenso y extremo de todos, y cualquier otra contraposición concreta es tanto más política cuanto más se aproxima al punto extremo, el de agrupamiento basado en el concepto amigo-enemigo».